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La doble moral 17-03-2008           

La vida es un gran teatro y todos representamos un papel, algo así decía Sheakespeare. La dramatización, esa capacidad histriónica de fingir, de ser otro, es un recurso teatral que en la sociedad se practica cuando se quiere ocultar un rasgo de la conducta indeseable, un crimen, un delito, un vicio o un pecado. Opino que los que ocultan su vida íntima están en su derecho en cuanto a pecados y vicios que no atañen a lo público, son cuestiones del ámbito de lo privado, mientras que el crimen y el delito lo son, ya que afectan a la sociedad.

El presidente de un país puede tener una relación íntima con una mujer diferente a la con la que se casó y no sucederá nada, a menos que el asunto se haga público. Se puede sospechar, se puede intuir, se puede suponer con un margen de certeza del 99,99%, pero hasta que no se pueda probar, todo el asunto es chisme, especulación, rumor, incluso difamación.

Recientemente hemos sabido de escándalos políticos relacionados con hábitos sexuales y con el tráfico de drogas. Y como dijo un profeta hace unos cuantos siglos, y que sigue teniendo seguidores, “aquel  que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Es muy común en una sociedad represiva con las conductas individualistas e intimas, que se persiga a aquel que comete un desliz si se consigue probar ampliamente, en caso contrario el ciudadano queda indemne. Abundan casos públicos y notorios de conductas que se ganaron a pulso el epíteto de escandalosas y que han sido tema de conversación de conversación en las peluquerías, los bares y otros lugares de debate social.

Desde algún director de un importante medio de comunicación, pasando por el presidente de una gran potencia, varios sacerdotes y seminaristas, hasta un par de humildes concejales, han sido protagonistas de casos notables de escándalos sexuales. Sin embargo la sociedad no siempre percibe con claridad cual es la verdadera falta que cometió el acusado. Es como si un ladrón fuera desnudo a cometer sus atracos y lo metieran en la cárcel por ir sin ropa y no por robar.

Para darle a este asunto más confusión, lo que los juristas llaman agravantes, está el asunto del fingimiento y la capacidad de simulación del sujeto del escándalo. Ya es grave de por si que una criatura finja y represente que se es otra cosa diferente a su verdadera naturaleza, más si encima acompaña el ocultamiento de un delito o de un crimen. lejos de ser una conducta repudiada por engañosa y carente de sinceridad, hoy un sector de la sociedad española que la práctica con singular alegría y descaro.

El tratamiento que la sociedad y los medios han hecho de estos escándalos, ilustra muy bien este aspecto de la hipocresía social de virtudes públicas, vicios privados. Otro asunto para reflexión y debate es la legitimidad que tiene o dice tener el acusador, aquel que afea y hace de fiscal acusador que delata la conducta del otro. Los fariseos más inmorales serán los primeros en agacharse y tomar la primera piedra para lapidar al sujeto del escándalo.

Un concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Palma de Mallorca de nombre Javier Rodrigo de Santos del Partido Popular ha usado la tarjeta de crédito para gastos del ayuntamiento para pagar en establecimientos donde se ofrecían servicios sexuales.

También Guillermo Martínez Resa, del Partido Socialista Catalán, responsable de Medio Ambiente y Agricultura de un pueblo de Tarragona, cometió un delito de tráfico de drogas, cuando lo pillaron con 500 Kg de hachís en su furgoneta. Pero al margen de que ambos son cargos electos y que han cometido un delito, no hay más coincidencia entre un caso y el otro.

Guillermo Martínez de Rosa además de cometer el delito de gastarse la pasta pública en menesteres personales, no lo hizo en coches, electrodomésticos, viajes de placer, cruceros, casinos o joyas, lo hizo pagando a personas que ejercen la prostitución masculina.

Este político conservador se fue de prostitutos y lo cargó a las arcas públicas e hizo que los ciudadanos de su pueblo pagaran sus vicios privados. Y lo que clama al cielo, no es que un concejal conservador, padre de cinco hijos, casado, que asume públicamente su condición de heterosexual y católico, que como servidor público se niega a celebrar  matrimonios entre personas del mismo género, sea un homosexual de armario, lo que es verdaderamente escandaloso, por lo que tiene de falta de recato, de exultante e insultante impunidad, de desfachatez demencial, es que este individuo solía ir acompañado en sus correrías e invitaba a otros miembros de la corporación de diferente signo político.

Serikame

 


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